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Desde el cuello al inicio del pecho, la piel es fina y frágil. Junto con la cara y los brazos, suele ser una de las partes del cuerpo más expuesta a los rayos solares y otros factores externos que lo maltratan: frío, aire, sequedad ambiental, etc.
Con la llegada del buen tiempo empezamos a quitarnos prendas de abrigo y a dejar más al aire estas zonas... normalmente sin ningún tipo de protección. Ten claro que de nada vale que te pongas crema solar en la piscina o en la playa y luego salgas a la calle sin protección durante el día.
¿El resultado? Manchas oscuras, pecas, granitos, erupciones, rojeces, sequedad y, finalmente, arrugas e incluso agrietamiento si la exposición solar es excesiva.
¿Cómo evitarlo? Usando a diario una crema hidratante con protección solar superior a 15. Si tu piel es clara y fina, emplea una crema con pantalla total. Piensa que aunque uses factores de protección altos también te pones morena, tu piel presenta un aspecto mejor y el bronceado es más bonito y duradero. También el uso del tratamiento de ozonoterapia ayuda a mantener tu piel sana.
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