Piojo

Piojos, un molesto huésped

Septiembre tiene algunos rasgos característicos que el resto de meses no poseen: las gripes, la depresión postvacacional, el veranillo del membrillo y, por desgracia, los piojos.

Entre los más pequeños es muy difícil erradicar esta incómoda plaga cuando ya se ha propagado por los alumnos de un mismo aula. Es exactamente lo mismo que ocurre con los malditos resfriados, si uno lo contrae, los demás comienzan a caer como moscas.

En los niños cuya higiene capilar es óptima, también puede darse este fenómeno al verse expuesto en el contacto diario con sus compañeros. Los primeros síntomas son, como todos sabemos, el picor y la repetida acción del niño de rascarse la cabeza. En estos casos, el primer paso es la búsqueda de los bichos responsables de tal picor. Cuando esté corroborado el origen, debe aplicarse el tratamiento (los más recomendados son las lociones de permetrina o malatión) durante 7 días, tras los cuales no quedará rastro de los molestos bichitos. No obstante, que el tratamiento erradique los piojos no quiere decir que evite un nuevo contagio. Es decir, en ocasiones algún compañero no sigue el tratamiento a raja tabla y vuelve a contraer piojos, con lo que se los vuelve a pasar a sus amigos de juegos. Algunos padres pueden pensar que el tratamiento original no ha sido efectivo, pero no es así, ya que posiblemente hayan tenido que repetir el proceso debido a algún nuevo contagio.

¿Cómo podemos saber en qué momento los piojos han sido erradicados? Muy sencillo. Por una parte, el niño dejará de rascarse la cabeza. Por otra, si se realiza una pequeña exploración por el cuero cabelludo del niño, no se verán más piojos ni liendres.

En ocasiones es difícil echar a estos pequeños intrusos de las cabecitas de un grupo de alumnos (mucho más complicado que si se tiene que erradicar de un solo sujeto). Pero si los padres están bien informados y se ponen de acuerdo, será coser y cantar.

 

Foto Flickr: Gilles San Martin

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