Hombre corriendo en la playa

Factores de riesgo en las enfermedades cardiovasculares

Las enfermedades cardiovasculares han sido consideradas a partir del pasado siglo, momento en el que fueron llamadas por Kaplan la epidemia del siglo XX, el gran azote de la humanidad. Sobre todo en los países desarrollados, donde ocupan el triste récord de ser la primera causa de muerte. Por ello, es en este tipo de enfermedades donde están centrados los mayores esfuerzos investigativos del ámbito de la medicina.

Al hablar de las enfermedades cardiovasculares, nunca ha cobrado mayor vigencia la frase “prevenir es mejor que curar”. Para mejorar su prevención, se han estudiado profundamente las causas que las provocan y que nos predisponen a padecerlas, que son los llamados factores de riesgo cardiovascular. Se han descrito más de 200, pero hay un grupo que por su relevante papel en estas patologías se consideran de mayor importancia.

Los factores de riesgo pueden dividirse en “modificables” y “no modificables”. Entre los no modificables podemos nombrar la edad, el sexo (el masculino tiene mayor predisposición para padecer este tipo de enfermedades) o la genética del paciente. Los factores de riesgo que resulta más importante identificar para poder actuar posteriormente sobre ellos son los modificables, entre los que sobresalen las conductas y hábitos nocivos para el organismo. De entre estos hábitos, es importante destacar el tabaquismo (todos conocemos su estrecha relación con las enfermedades cardiovasculares), el sedentarismo (asociado al síndrome metabólico, resistencia a la insulina, dislipidemias, obesidad, diabetes e hipertensión arterial; todos considerados, a su vez, factores de riesgo independientes) y las dietas con alto contenido calórico o de sal.

En todos estos factores de riesgo se puede actuar y realizar modificaciones. Todos tienen en común la participación directa y responsable de las personas. Como es lógico, nadie quiere estar enfermo ni en riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular. Sin embargo, en general cuesta mucho llevar a cabo el esfuerzo necesario para protegernos de estos riesgos, ya sea dejar de fumar, hacer ejercicio varias veces a la semana o comer sano. En general el paciente prefiere lograr los efectos de estos esfuerzos con un medicamento de receta. No obstante, debemos añadir que España tiene un factor protector extra: la dieta mediterránea, aceptada en todos los círculos médicos como protectora cardiovascular.

La ozonoterapia puede jugar un papel protagónico en la prevención y tratamiento de las enfermedades cardiovasculares a causa de su acción directa en el aparato vascular, mejorando la circulación tanto arterial como venosa y facilitando una mejor liberación del oxígeno en los tejidos, así como por sus efectos metabólicos sobre la glucosa y los lípidos.

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