Mito del corte de digestión

Corte de digestión: ¿mito o realidad?

Enumeremos cosas típicas del verano: el sol, la playa, la piscina,… y las interminables horas posteriores a la comida sin entrar al agua por miedo a un supuesto corte de digestión. ¿Recuerdan la angustia que suponía de pequeños aguantar el calor hasta que nuestros padres nos permitieran chapotear en el mar tras las horas reglamentarias? ¿Por qué nos martirizaban de esa forma? ¿Hasta qué punto es cierto el mito del corte de digestión?

Este fenómeno, frente a lo que uno pueda pensar de forma instintiva, no tiene tanto que ver con la comida, sino con los cambios bruscos de temperatura. Su nombre científico es síncope de hidrocución, y se produce cuando un cambio térmico repentino deriva en una disminución del ritmo cardiaco, lo cual puede provocar los conocidos vómitos, náuseas, mareos e incluso pérdida de conocimiento.

¿En qué condiciones puede producirse el conocido como ‘corte de digestión’ o síncope de hidrocución? En aquellas en las que la temperatura del agua es especialmente fría y la temperatura corporal muy alta. Estas circunstancias pueden darse al entrar en el agua de sopetón tras la realización de ejercicio físico o tras una prolongada exposición al sol. Sobre todo si después estas situaciones nos tiramos de repente a aguas muy frías (suelen darse mayor número de cortes de digestión en piscinas o pozas en la zona de la sierra). En estos casos, el cuerpo tiene que sobreponerse a una bajada de temperatura muy brusca en apenas unos segundos, lo que, en ocasiones, deriva en síncopes de hidrocución.

¿Y qué podemos hacer para evitar aguarnos el día de playa con estos desagradables problemas? Muy sencillo: entrar siempre en el agua poco a poco. Es especialmente importante mojarse la nuca y la cabeza antes de introducirnos en el agua, pues este pequeño gesto nos ayudará a realizar un cambio de temperatura más paulatino.

No amargues estos días de playa con problemas evitables, huye del corte de digestión.

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