Contaminación

Consecuencias de la contaminación en la salud

Aunque la mayoría de los mortales no pensemos en ello en nuestro día a día, la contaminación con la que se ven obligados a convivir muchos españoles puede tener graves consecuencias sobre la salud. Hoy, Día Mundial del Medio Ambiente, queremos conocer un poquito más a fondo la estrecha relación que existe entre la llamada contaminación atmosférica urbana y algunas enfermedades.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), 1,3 millones de personas mueren al año a causa de la contaminación existente en los núcleos urbanos. Los países en desarrollo son los que, por desgracia, ganan en este ranking (aunque en las grandes ciudades de los países desarrollados tampoco se libran…). Los residentes en estas grandes y contaminadas urbes padecen un mayor número de enfermedades cardíacas, problemas en el aparato respiratorio e, incluso, cáncer de pulmón.

Como es obvio, el grupo de población más sensible a la contaminación atmosférica urbana es el de los niños pequeños, las personas mayores y aquellas que tengan algún tipo de problema respiratorio (por ejemplo, los asmáticos). Pero en algunos países también se suman a este grupo las familias con pocos ingresos y un muy limitado acceso a la asistencia médica.

La OMS afirma que si se lograra combatir la contaminación atmosférica urbana de forma notable en las ciudades que la padecen, se produciría una considerable disminución de la mortalidad a largo plazo en tales lugares. Además de mejorar la esperanza de vida, estas medidas podrían disminuir la emisión de gases de efecto invernadero, lo que contribuiría a paliar el cambio climático. A su vez, la ralentización del cambio climático derivaría en la no generación de procesos como las sequías o las inundaciones (lo cual frenaría hambrunas y un sinfín de enfermedades).

Algunos países (como EE.UU., el mayor emisor de gases de efecto invernadero del mundo) no se han dignado aún a ratificar el Protocolo de Kioto, lo que lleva a otros territorios a padecer las consecuencias de la imperdonable falta de ética de unos pocos. Pero, sin irnos tan lejos, alguna de nuestras ciudades, como Madrid o Barcelona (por suerte, Playa del Inglés y Las Palmas de G.C. se libran), tampoco son expertas en cuidar la calidad de su aire. Esperemos que, poco a poco (las cosas de palacio, ya saben, van despacio), empecemos a valorar realmente el aire que respiramos.

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